Vivir en pareja: ¿Beneficia por igual a hombres y mujeres según la psicología?

Durante décadas, la vida en pareja se ha presentado como una vía casi universal hacia la estabilidad, la salud y la felicidad. Sin embargo, la investigación psicológica y sociológica dibuja una realidad más compleja: tener pareja puede aportar apoyo emocional, recursos compartidos y cuidados, pero sus beneficios no son automáticos ni se distribuyen siempre de la misma manera entre hombres y mujeres.

Tampoco vivir solo equivale a sentirse solo. Una persona puede disfrutar de una vida independiente y mantener vínculos cercanos, mientras otra puede experimentar una profunda desconexión dentro de una relación.

La cuestión no es solo si resulta mejor vivir en pareja o en solitario, sino en qué condiciones se vive cada situación: qué calidad tiene la relación, cómo se reparten las responsabilidades y qué redes de apoyo existen.

Vivir en pareja: ¿Beneficia por igual a hombres y mujeres según la psicología?

1. Salud física y longevidad: algunas ventajas parecen mayores en los hombres

Los estudios poblacionales suelen encontrar una asociación entre el matrimonio y una menor mortalidad. En algunas investigaciones, esta asociación es más marcada en los hombres, aunque los resultados varían según el estado civil, la causa de muerte y las características de la población estudiada.
Una revisión publicada en Global Health Research and Policy en 2020 encontró que no estar casado se asociaba con una mayor mortalidad en ambos sexos, con asociaciones más intensas en los hombres para la mortalidad cardiovascular y por todas las causas.
Una revisión actualizada de 2025, publicada por Mohammad Hashem y colaboradores, también encontró diferencias según el estado civil y la causa de muerte. Por ejemplo, la asociación entre el divorcio y la mortalidad por todas las causas era más intensa en los hombres, pero no todas las comparaciones mostraban diferencias significativas entre sexos.
El estudio de Staehelin y colaboradores, publicado en 2012, también analizó la relación entre estado civil, convivencia y mortalidad. Sus resultados mostraron que el patrón no era idéntico en todos los grupos de edad y situaciones residenciales.

Conviene interpretar estos resultados con cautela: que las personas casadas presenten, en promedio, determinados indicadores de salud más favorables no demuestra que el matrimonio sea por sí mismo la causa de esa ventaja. La salud previa, la situación económica, los hábitos de vida y el apoyo social también pueden influir.

2. La calidad de la relación importa más que el simple hecho de tener pareja

Estar en una relación no describe cómo se vive dentro de ella. El apoyo, la confianza y la cooperación son experiencias muy distintas de la hostilidad persistente o el conflicto.

Robles, Slatcher, Trombello y McGinn analizaron esta cuestión en un metaanálisis publicado en Psychological Bulletin en 2014. La revisión reunió 126 artículos y datos de más de 72.000 personas. Los investigadores encontraron que una mayor calidad de la relación matrimonial se asociaba con algunos indicadores de salud más favorables, incluida una menor reactividad cardiovascular durante los conflictos de pareja. No obstante, los efectos eran modestos y la revisión aportó pocas pruebas de diferencias sistemáticas entre hombres y mujeres.

Por tanto, no basta con saber si alguien tiene pareja: también importa cómo es esa relación. La convivencia no garantiza bienestar y, en determinadas circunstancias, una relación conflictiva puede convertirse en una fuente importante de estrés.

3. Carga mental doméstica: el trabajo invisible de la convivencia

Compartir casa no significa necesariamente compartir las responsabilidades. El trabajo doméstico no consiste solo en cocinar, limpiar o llevar a los niños al médico, sino también en anticipar necesidades, recordar fechas, organizar tareas y coordinar la vida cotidiana.

En un estudio publicado en Archives of Women's Mental Health en 2025, Aviv y colaboradores analizaron las respuestas de 322 madres de niños pequeños sobre el reparto de 30 tareas domésticas.

Los resultados mostraron que las madres asumían una proporción especialmente elevada del trabajo cognitivo relacionado con el hogar: planificar, anticipar necesidades y coordinar responsabilidades familiares. Una mayor desigualdad en esta carga se asociaba con más síntomas depresivos, estrés y agotamiento parental, además de indicadores menos favorables de salud mental y funcionamiento de pareja.

El estudio tiene una limitación importante: sus resultados muestran asociaciones, pero no permiten demostrar que la desigualdad en la carga mental sea, por sí sola, la causa de esos problemas. Además, la muestra estaba formada por madres de niños pequeños, por lo que los hallazgos no pueden generalizarse automáticamente a todas las mujeres o parejas.

Aun así, el trabajo pone de relieve una cuestión relevante: para repartir las responsabilidades de manera equitativa, no basta con dividir las tareas visibles; también hay que compartir la responsabilidad de pensar, organizar y anticipar.

4. Vivir solo no significa estar aislado

La soltería no implica necesariamente una vida social más pobre. En un estudio publicado en 2016, Sarkisian y Gerstel encontraron que las personas solteras de las muestras estadounidenses analizadas tenían más probabilidades que las casadas de mantener determinadas relaciones con familiares, amistades y vecinos, así como de intercambiar ayuda con ellos.

Esto no significa que las personas solteras siempre tengan mejores redes sociales, sino que vivir sin pareja no equivale automáticamente a estar desconectado.

Al mismo tiempo, el aislamiento social y la soledad percibida son cuestiones importantes, con independencia de que una persona tenga pareja. Una revisión publicada en Nature Human Behaviour en 2023 reunió datos de más de 2,2 millones de personas y encontró asociaciones entre ambos fenómenos y una mayor mortalidad.

Otra revisión, publicada en eClinicalMedicine en 2022, encontró una asociación entre vivir solo y una mayor mortalidad. Esta asociación parecía más marcada en hombres y adultos más jóvenes, aunque los resultados no permiten concluir que vivir solo sea, por sí mismo, la causa de ese mayor riesgo.

Es fundamental distinguir tres situaciones:
  • Vivir solo: no compartir vivienda con otra persona.
  • Aislamiento social: disponer de pocos vínculos o contactos sociales.
  • Soledad percibida: sentir que las relaciones disponibles no ofrecen la conexión que se necesita.
Aunque pueden coincidir, no son lo mismo. Una persona puede vivir sola y contar con una red sólida de afectos y cuidados; otra puede convivir con alguien y sentirse profundamente sola.

💡 Conclusión: ni la pareja es una salvación ni la soledad un fracaso

La evidencia científica no justifica presentar la convivencia como una solución universal ni la vida en solitario como un fracaso. Tampoco permite afirmar que los hombres siempre se benefician de tener pareja y las mujeres siempre salen perjudicadas.

Las diferencias dependen del resultado estudiado, del contexto y de las características de cada relación. Algunos estudios encuentran asociaciones entre matrimonio y mejores indicadores de salud, mientras que otros destacan la importancia de la calidad del vínculo, el reparto de responsabilidades y la disponibilidad de apoyo social.

También hay que tener presente que buena parte de la investigación citada es observacional y se ha realizado en contextos donde predominan las parejas heterosexuales. Por ello, sus conclusiones no deben trasladarse automáticamente a todas las configuraciones de pareja, culturas o etapas vitales.

Desde una perspectiva psicológica, la cuestión fundamental no es cumplir con un modelo de vida determinado, sino disponer de relaciones seguras, responsabilidades compartidas, autonomía y apoyo cuando se necesita.

El estado civil describe una situación; no resume, por sí solo, la calidad de una vida.

Aviv, E., Waizman, Y., Kim, E., Liu, J., Rodsky, E., & Saxbe, D. (2025). Cognitive household labor: Gender disparities and consequences for maternal mental health and wellbeing. Archives of Women's Mental Health, 28, 5–14. https://doi.org/10.1007/s00737-024-01490-w

Mohammad Hashem, S., Khosravi, M. J., Kazemi, A., Pakmehr, S., Mahdizadeh, F., Imani, R., Kazemian, N., Abbasi Dehkordi, D., Jahromi, A., Naziri, M., Deravi, N., Khoshravesh, S., Seyedipour, S., & Arbab Mojeni, F. (2025). The association between marital status and the risk of cardiovascular, cancer, and all-cause mortality: An updated systematic review and meta-analysis. JRSM Cardiovascular Disease, 14, 20480040251396281. https://doi.org/10.1177/20480040251396281

Robles, T. F., Slatcher, R. B., Trombello, J. M., & McGinn, M. M. (2014). Marital quality and health: A meta-analytic review. Psychological Bulletin, 140(1), 140–187. https://doi.org/10.1037/a0031859

Sarkisian, N., & Gerstel, N. (2016). Does singlehood isolate or integrate? Examining the link between marital status and ties to kin, friends, and neighbors. Journal of Social and Personal Relationships, 33(3), 361–384. https://doi.org/10.1177/0265407515597564

Staehelin, K., Schindler, C., Spoerri, A., Zemp Stutz, E., & Swiss National Cohort Study Group. (2012). Marital status, living arrangement and mortality: Does the association vary by gender? Journal of Epidemiology and Community Health, 66(7), e22. https://doi.org/10.1136/jech.2010.128397

Wang, F., Gao, Y., Han, Z., Yu, Y., Long, Z., Jiang, X., Wu, Y., Pei, B., Cao, Y., Ye, J., Wang, M., & Zhao, Y. (2023). A systematic review and meta-analysis of 90 cohort studies of social isolation, loneliness and mortality. Nature Human Behaviour, 7(8), 1307–1319. https://doi.org/10.1038/s41562-023-01617-6

Wang, Y., Jiao, Y., Nie, J., O'Neil, A., Huang, W., Zhang, L., Han, J., Liu, H., Zhu, Y., Yu, C., & Woodward, M. (2020). Sex differences in the association between marital status and the risk of cardiovascular, cancer, and all-cause mortality: A systematic review and meta-analysis of 7,881,040 individuals. Global Health Research and Policy, 5, Article 4. https://doi.org/10.1186/s41256-020-00133-8

Zhao, Y., Guyatt, G., Gao, Y., Hao, Q., Abdullah, R., Basmaji, F., & Foroutan, F. (2022). Living alone and all-cause mortality in community-dwelling adults: A systematic review and meta-analysis. eClinicalMedicine, 54, 101677. https://doi.org/10.1016/j.eclinm.2022.101677

Sobre Patricia Martín

Graduada en psicología. Cursando Máster General Sanitario y Programa Universitario Avanzado en Apego y Salud Perinatal. Me interesa el crecimiento personal desde la neurociencia, la psiconeuroendocrinología y la epigenética.
    Comentarios de Blogger

0 comentarios :

Publicar un comentario

Gracias por comentar :)