La historia del valioso violín de Joshua Bell


El pasado 29 de Febrero, el famoso violinista Joshua Bell ofreció un concierto en Zaragoza junto a la Filarmónica de Londres.
Unas horas antes, una banda organizada irrumpió en la habitación del  hotel donde estaba alojado con la intención de robar el valioso violín: el Gibson ex-Huberman Stradivarius del año 1713 valorado en unos cuatro millones de euros.

Afortunadamente, el preciado instrumento se encontraba en manos de Bell, que realizaba su último ensayo en el Auditorio de Zaragoza. Los ladrones se tuvieron que conformar con un reloj valorado en 38.000 dólares, un portátil y otros objetos personales.

En una entrevista concedida a Heraldo de Aragón después del concierto, el músico afirmaba no separarse jamás de su violín. Y no es de extrañar, porque el instrumento ya fue robado en otra ocasión.

El violín fue fabricado en 1713 por Antonio Stradivari en Cremona, en la Lombardía italiana. Pertenece a Joshua desde 2003, que fue cuando lo adquirió por cerca de cuatro millones de euros.


La historia comezó el 28 de febrero del 1936. El violinista Bronislaw Huberman (1882-1947) estaba ensayando con su Stradivari Gibson antes del concierto en el camerino del Carnegie Hall, en Nueva York. Después lo guardó en su estuche y utilizó otro violín para el recital. Durante su segunda intervención, su secretaria se dio cuenta de que el estuche estaba vacío, y se lo contó a violinista durante los aplausos del final de la sonata. Se avisó a la policía mientras que Huberman continuaba el concierto sin que el público supiera nada.


La crítica del concierto aparecida después en la prensa no hacía referencia alguna al robo, aunque un titular en el apartado de los sucesos rezaba: “El violín de Huberman robado en el Carnegie”, describiendo cómo cogieron el violín pero sorprendentemente dejando seis arcos de gran valor e importancia dentro del estuche. (Cada arco estaba valorado en 1500 dólares como mínimo).

Se inició una profunda investigación, además de la importancia del violín y de su propietario, había un seguro sobre el instrumento por un importe de 30.000 dólares, que Huberman reclamó y cobró al no aparecer el afamado violín.

Y pasaron 50 años...

El ladrón del famoso violín fue Julian Altman, un joven violinista de 20 años. Vivió una vida profesional  marginal puesto que conocía la gravedad de su robo. Tocaba en grupos sin importancia y clubes nocturnos de dudosa reputación.
Se casó, tuvo una hija y después se divorció. Después de varios años se volvió a casar y también se acabó separando de su segunda esposa, Marcelle Hall, con la que vivió 20 años.
Bronislaw Huberman

En su lecho de muerte, torturado por los remordimientos, hizo llamar a su segunda ex esposa, para “tratar un tema de la máxima importancia”: confesó que en su juventud había llegado a sus manos el violín de forma “moralmente dudosa”. Entonces Marcelle contactó con Rachel Goodkind (hija de Herbert K.Goodkind, autor del libro de referencia Violin iconography of Antonio Stradivari). Rachel se puso en contacto con el experto luthier Charles Beare, de Londres, notificándole que una conocida estaba en posesión del Stradivari “Gibson” robado hacía 50 años.

Así comenzó el proceso de “devolución”. Marcelle obligó a Rachel a mantener el más absoluto secreto respecto a su identidad mientras se pactaba el tema, no quería iniciar ninguna negociación sin antes acordar una recompensa. El primer paso sería comprobar si realmente era violín “Gibson” de Stradivari. Se hicieron llegar unas fotos Polaroid a Charles Beare que, al verlas, tenía pocas dudas de su autenticidad. (Beare tenía los archivos históricos del fallecido luthier Rembert Wurlitzer, y las fotos del Gibson estaba entre ellos).

El día 26 de febrero de 1986, 50 años exactamente de la fecha del robo, Beare estaba en Nueva York para asistir a unas subastas de instrumentos. Aprovechó para encontrarse clandestinamente con Rachel Goodkind y su “amiga”, pero Marcelle no se presentó.

Charles Beare contactó con Toplis and Harding (los investigadores que años antes llevaron a cabo las pesquisas del Stradivari robado), pero ya no guardaban los archivos, así que pudo averiguar qué compañía de seguros pagó el importe a Huberman en 1936. Entonces Beare pidió ayuda a un conocido que trabajaba en la aseguradora Lloyds de Londres, que averiguó que fueron ellos los que liquidaron el importe.

El abogado de Marcelle contactó con los abogados de Lloyds para iniciar la devolución. Pactaron que la persona adecuada para identificar el violín sería Charles Beare.
Pasó un año antes de que las negociaciones hubieran sido establecidas, mientras el violín seguía sin ser mostrado.

El 8 de mayo de 1987, Charles Beare, acompañado por dos abogados de Lloyds, se dirigieron en una limusina hacia la localidad de Bethel, donde vivía  Marcelle. Al llegar a la casa, se sorprendieron al encontrarse una gran fiesta, que parecía haber empezado el día anterior. Además de una veintena de invitados, había un equipo de la cadena de televisión NBC.
Marcelle Hall resultó ser una extrovertida y alegre señora de mediana edad, entusiasmada de que el gran día hubiera finalmente llegado. También estaba Rachel Goodkind estaba presente.

En una de las salas, Beare abrió finalmente la tapa del estuche, sacando a la luz el violín Gibson.  Las primeras y pocas palabras que Beare pronunció acerca del violín fueron: “no..... problem”.
Charles Beare

Beare sacó el violín al jardín, para verlo con luz natural. Contempló el violín pensando como el joven Huberman, lo habría adquirido en 1911 en Londres. Ahora, apenas se podía adivinar algo de su glorioso pasado bajo una gruesa capa de polvo, resina y suciedad. La tapa estaba particularmente desvirtuada a primera vista, tenía una grieta mal reparada bajo la resina y la suciedad. La punta superior derecha estaba  raspada por reiterados golpes de arco, así como parte de la inferior. Sin embargo se adivinaba claramente que aquello era una obra de arte, y su madera particularmente bella todavía daba signos de majestuosidad.

Dos horas después, los abogados firmaban un documento de acuerdo mutuo.  Entre las cosas pactadas se acordó que el violín se llevaría a Londres, al taller de Beare para ser limpiado y restaurado.

Tres meses más tarde, el “Gibson”  ya restaurado, se colocó en una vitrina de un palacio cremonés junto a otro bello Stradivari, el “Soil” de 1714, perteneciente a Itzak Perlman. A la inauguración antológica de Cremona acudió Marcelle Hall, feliz de haber “legalizado” la situación del violín y haberlo devuelto a la luz pública.

La hija de Julian Altman (y única descendiente) ganó dos juicios en contra de su madrastra, Marcelle Hall, en la que se declaraba que tenía derecho a parte de la recompensa obtenida. Pero después de tanto tiempo y dado el desprendido carácter de la señora, estaba todo dilapidado y Marcelle acabó viviendo en la caravana de un camping.







Para terminar, qué mejor que escuchar el sonido de este violín en las de Bell. Disfrutad!





Fuentes:
http://www.docenotas.com
http://www.joshuabell.com
http://es.wikipedia.org
http://www.heraldo.es
http://www.larazon.es

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Sobre Patri Caos

Apasionada del cine clásico y devoradora de series. Me encantan las curiosidades, lo retro y lo vintage.
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4 comentarios :

  1. Por lo leído, este valiosísimo violín tiene propiedades únicas. ¿Quiere eso decir que un auténtico negado para tocar cualquier instrumento musical, entre los que me incluyo, podría sacar melodías para hacer llorar a las piedras? De no ser así, no entiendo tanto revuelo.
    Bueno, uno tampoco sabe diferenciar la clave do de la re. Y ya puestos ni la mi,fa, sol...
    Pero mi ignorancia sabe apreciar cuando un escrito esta bien hecho. Y este roza al 10.

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  2. Menua historia!! si que sabia que esos violines son muy valorados, y la verdad es que la historia es digna de una buena pelicula!!
    un beso!

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  3. Es increíble que los mejores violines que existen sean todos de hace 300 años, increíble que hoy no sepamos hacerlos tan bien así que no es de extrañar que sean tan cotizados, Joshua hace muy bien no separarse de su preciado instrumento

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  4. Muchas gracias hel·lènic!! Me ha supuesto un gran esfuerzo hacer un resúmen, proque la información que tenía me daba para 2 o 3 post.
    No creo que ni tu ni yo pudiéramos sacarle melodías al preciado violín por muy bueno que sea.
    El misterio está en que hoy en día no han logrado fabricar n violín que suene tan bien como los Stradivari...pero eso lo contaré en otra entrada, que no quería que ésta me quedara muy larga :)
    En un par de semanas te contaré más..

    Hola Ro! Pues los guionistas de Hollywood tendrían aquí un peliculón..además ultimamente estan faltos de ideas..sólo hay que ver la cartelera ;) Besosss

    Boris, yo si fuera Joshua tampoco me separaría del instrumento.
    Como le he dicho a hel·lènic, pronto escribiré otro post sobre las cualidades de los Stradivari. Desde luego, es increíble que con la tecnología que tenemos hoy en día, no podamos fabricarlos igual o mejor que hace 300 años.

    Pasad buen finde!!! Un abrazo!

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